La fobia de impulsión (FI) se caracteriza por un miedo intenso por parte de la persona, a llevar a cabo un impulso de carácter agresivo, perdiendo el control del Yo (self), haciendo daño a terceras personas como, familiares, pareja, hijos o incluso personas desconocidas y/o incluso a sí misma, con ideas recurrentes como saltar por el balcón, girar el volante de forma brusca conduciendo, clavarse un cuchillo, etc.

La FI también está considerada como una variante del trastorno obsesivo compulsivo (TOC), siendo ésta un pensamiento intrusivo que se presenta en la mente del sujeto, proveniente de la parte subconsciente. Tales pensamientos generan un alto grado de ansiedad en el sujeto, pues vienen a chocar directamente contra su autoconcepto ético y moral. Para aliviar este malestar, la persona en ocasiones puede recurrir a comportamientos o pensamientos compulsivos, generando una falsa y pasajera sensación de control sobre la FI.

La necesidad de control, generada por la sensación de una angustia muy intensa, puede provocar una reducción considerable en la calidad de vida del paciente, afectando de esta manera a diferentes ámbitos, como el académico, laboral y también las relaciones interpersonales. Focalizando gran parte de su energía vital en impedir que estos pensamientos lleguen a estar presentes en la conciencia, debido a un temor intenso por perder la cordura y con ello, el autocontrol. Considerando este trastorno desde el punto de vista egodistónico (sujeto dividido entre pensamientos y deseos), la autoexigencia por controlar tales pensamientos se vuelve muy alta, con cierta sensación de luchar la persona contra sí-misma. Con el paso del tiempo, estas obsesiones pueden degenerar en un cuadro severo de ansiedad e incluso depresión grave.