El trastorno dismórfico corporal (TDC) es comorbido con trastorno obsesivo-compulsivo, dentro del cuadro de los trastornos de ansiedad. Su inicio se suele presentar, en los primeros años de la adolescencia y afecta tanto a hombres como a mujeres. El TDC “empuja” a las personas a la búsqueda de la perfección física. Se caracteriza por la preocupación de uno o más defectos autopercibidos por el paciente en relación a su apariencia física. Dichos defectos no son evidentes, o en casos menos acuciantes, son levemente visibles a ojos de terceras personas.  La persona sufre una alta preocupación por su apariencia física, lo que le genera una angustia clínica muy significativa, sufriendo las consecuencias de un notable deterioro en su desempeño diario, social, laboral, profesional o académico. El paciente puede llegar a dedicar gran parte de su tiempo diario llevando a cabo conductas repetitivas, como son la de mirarse al espejo y/o comparar su aspecto físico con el de otras personas, con el objetivo de calmar el malestar que dicho trastorno les provoca.

Aunque la génesis nosológica del TDC no está clara, pudiéndose ser el resultado de una combinación de elementos como, antecedentes familiares genéticos, anomalías cerebrales en el desarrollo del sujeto, evaluaciones corporales y/o de autoconcepto a través de experiencias, apego inseguro, traumáticas, abusos, etc. Hay que tener en cuenta también, desde una perspectiva psicosocial que, vivimos en una época de culto a la belleza, dónde un gran número de personas, dedica una gran cantidad de tiempo y energía a obtener esa imagen tan anhelada proyectada desde el Ideal del Yo. Haciendo un uso de los medios de consumo que, en ocasiones puede llegar incluso a ser patológico, por las influencias directas de las diferentes redes sociales, anuncios de televisión, cine, revistas de belleza, así como aplicaciones para móviles donde se usan filtros para eliminar ciertas “imperfecciones”, generando sentimientos y pensamientos distorsionados sobre el Yo.

En los casos más leves, los pacientes pueden describirse como poco atractivos, mientras que aquellos con un TDC grave pueden llegar a describirse como “físicamente horribles”. Expresando sentimientos de vergüenza sobre su aspecto físico, suelen temer el rechazo o la humillación de terceras personas. La angustia en ocasiones puede ser tan desbordante que, la persona que padece TDC incurre en ideaciones suicidas, siendo de vital importancia ayudar al paciente a identificar las repercusiones que el TDC tiene en su vida, estableciendo y desarrollando un nivel de conocimiento por parte del paciente para su autocuidado.