Es un vínculo que se establece entre el recién nacido y su madre/ padre o cuidador principal. El apego proporciona al niño seguridad en situaciones de amenaza. Los efectos de la relación entre el cuidador principal y el menor son determinantes en la conducta y el desarrollo emocional posterior. Es por ello que distinguimos entre:

  • Apego Seguro: El cuidador se muestra sensible y atento a las necesidades del niño. Así, el niño desarrolla una mejor autoestima, confianza y autonomía a lo largo de su vida. Además, será capaz de desarrollar una mejor gestión de sus emociones.
  • Apego ansioso y ambivalente: El cuidador satisface las necesidades del niño solo algunas veces. Otras veces no se muestra disponible, lo que conduce generalmente al niño a llamar la atención y expresarse de manera más intensa para que acuda. Las emociones más características de este tipo de apego es el miedo y la angustia exagerada ante la separación o abandono. En adultos se manifiesta por una dependencia emocional.
  • Apego evitativo: El cuidador se muestra distante y poco sensible a las necesidades del niño. No sabe calmar ni tampoco satisfacer las necesidades emocionales. Los niños con este tipo de apego se enfadan con frecuencia y lo más característico es que no buscan a su madre o cuidador cuando la necesita. Viven sintiéndose poco valorados o queridos, no expresan sus emociones ni tampoco entienden las emociones de los demás por lo tanto evitan las relaciones de intimidad. En la vida adulta este apego se caracteriza por el rechazo o dificultad para establecer relaciones interpersonales.
  • Apego desorganizado: Este tipo de apego se posiciona en el extremo contrario al apego seguro. El cuidador muestra conductas negligentes e inseguras, tales como el maltrato físico o emocional, teniendo como principal consecuencia la pérdida de confianza del niño en su cuidador. Los niños con este tipo de apego tienen dificultad en el control de su comportamiento y la regulación de sus propias emociones. De adultos son personas con una alta carga de ira, frustración y no se sienten queridas.
    Un abordaje temprano con psicoterapia incluyendo tanto a padres como a hijos será determinante en el niño.