La característica principal de este trastorno es la ansiedad y la preocupación excesiva y recurrente hacia diferentes acontecimientos o actividades, siendo muy difícil de controlar. La intensidad, duración y frecuencia de las preocupaciones son desproporcionadas con relación al tipo de evento o acontecimiento. Es decir, las personas con ansiedad se preocupan sobremanera por circunstancias normales de la vida, como salud, trabajo, hijos, economía, relaciones familiares y social, así como también por cuestiones menores, como la puntualidad, la ropa para ir conjuntada, qué comida preparar o por una avería doméstica.

Se manifiesta con inquietud, sensación de estar atrapado o con los nervios de punta, imposibilidad de concentrarse, fatigarse con facilidad, irritabilidad, tensión muscular y trastornos del sueño. También se puede manifestar síntomas somáticos como sudoración, náuseas o diarreas y algunos síntomas físicos, como sería el síndrome del intestino irritable o dolores de cabeza.

En el tratamiento para la ansiedad se aplica una serie de técnicas de intervención como la reestructuración cognitiva, entrenamiento en relajación, exposición, desensibilización con autocontrol, prevención de respuesta, entre otros. Importante tener en cuenta que es un trastorno que tiende a cronificarse y por eso las intervenciones deben ir dirigidas a aumentar la calidad de vida y las relaciones interpersonales de quienes padecen este trastorno.