Ana Montoya Roldan

Estoy graduada en Psicología por la Universidad de Granada. Entre varias razones, la principal motivación que me llevó a estudiar una de las profesiones más bonitas que existen fue la necesidad de ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida. Para mí, el psicólogo es una especie de llave que nos abre la puerta a nuestro ser más profundo. Ese acceso será la esencia del cambio que queremos promover en el paciente.

Formarme en psicología me ha aportado una amplia visión de la realidad en la que vivo. Sin embargo, también me ha aportado un mayor conocimiento de mi propia realidad. Entender mis propios sentimientos, qué subyace bajo mis emociones, las razones que motivan mi propia conducta, entre otras, me ha brindado las habilidades para extrapolar estos conocimientos a la hora de acceder a todo el mundo que hay detrás de la persona que tengo delante.

Siento una gran satisfacción personal al guiar, ayudar y acompañar a personas que buscan vivir en armonía con ellas mismas y con su propio entorno. Cada encuentro terapéutico es un descubrimiento que me da la oportunidad de aprender algo más sobre la complejidad de la conducta humana. A veces este proceso no es fácil, pero puedo afirmar que, con el paso del tiempo, se manifiestan claros resultados óptimos y gratificantes.

Especializada en Terapia Sistémica y Apego, entendiendo la Teoría del apego como el marco más importante y visible con mayor fundamento empírico, que influye de manera directa en el desarrollo de la patología. La Terapia Sistémica, aborda los problemas individuales dentro de un ambiente familiar, siendo este contexto fundamental en el crecimiento personal.

Una vez leí que en el maorí no existe traducción literal de la palabra “psicoterapeuta´´. Para el maorí, los psicoterapeutas son tejedores de sueños, donde los hilos son los conocimientos y las experiencias del terapeuta y del paciente. El arte del tejido de estos hilos para crear los sueños es lo que define al buen psicólogo. Ese es mi objetivo, mi razón de trabajo, aprender con cada paciente, conocer su historia de vida, tejer juntos los sueños que dan sentido a nuestras vidas.

Crees que como comprendes uno, también comprenderás dos, porque uno y uno son dos. Pero para comprender verdaderamente dos, primero debes de comprender “y”

Sabiduría Sufí